Mitos y problemas frecuentes
Tu gato no intenta complicarte la vida a propósito. Cuando hace sus necesidades fuera del arenero, se esconde, muerde durante las caricias o se pone a corretear como loco por la noche, lo más útil es preguntarte primero: «¿Qué está intentando conseguir mi gato con este comportamiento, o de qué está intentando librarse?» Muy a menudo, detrás de un comportamiento «raro» se esconde una necesidad perfectamente comprensible: seguridad, control, la posibilidad de escapar, juego, caza, comer tranquilo o un arenero cómodo.
1. El gato no orina fuera del arenero para fastidiar
Si tu gato de repente empieza a hacer pis o caca fuera del arenero, no lo hace para castigarte. Ese comportamiento suele indicar que algo no va bien, ya sea con el gato o con sus condiciones.
La causa puede ser dolor, una enfermedad de las vías urinarias, estrés, un arenero incómodo, un sustrato que no le gusta o un conflicto con otro gato. A veces el gato simplemente empieza a elegir otro sitio porque allí se siente más tranquilo.
¿Qué debe hacer el dueño? Si el comportamiento apareció de repente, lo primero es acudir al veterinario para descartar un problema médico. Después hay que revisar el propio arenero: si es lo bastante grande, si está limpio, si está bien ubicado y si el gato puede usarlo con tranquilidad sin encontrarse con otros animales.
Importante: no regañes al gato ni le restriegues el hocico contra el charco. Eso no le explica lo que quieres decirle, y el estrés adicional solo puede agravar el problema. Explícaselo de la forma que él sí entiende: con paciencia, no con castigos.

2. El gato saca la comida del comedero
Los gatos son realmente muy sensibles al roce en los bigotes. Por eso algunos prefieren comer en un recipiente ancho y poco profundo.
Pero la popular teoría de la «fatiga de los bigotes» todavía no cuenta con suficiente respaldo científico. En un estudio con gatos no se encontraron indicios claros de que un comedero hondo normal les provocara un malestar importante. Aun así, una parte de los animales sí prefería un comedero ancho especial.
Así que aquí lo más sencillo es guiarte por tu propio gato. Si saca constantemente la comida al suelo, solo come del borde del comedero o muestra una clara preferencia por un plato plano, prueba a cambiarlo por uno ancho y poco profundo. Es un experimento barato que puede hacer que comer le resulte más cómodo.
Y un detalle más: el comedero debe ser estable y fácil de limpiar. Además, algunos gatos prefieren comer en un lugar tranquilo, donde nadie los moleste.

3. Cambiaste el sofá de sitio y el gato se puso nervioso
Para una persona, cambiar los muebles de sitio es solo un cambio de decoración. Para el gato, el hogar está formado por rutas conocidas, olores, lugares de descanso y puntos seguros.
Por eso los cambios grandes realmente pueden provocar estrés, sobre todo si al mismo tiempo cambia el sitio del arenero, de la comida, de la cama, o desaparece su escondite favorito.
Esto no significa que no se pueda mover el sofá nunca. El gato es perfectamente capaz de acostumbrarse a los cambios. Pero si es un gato ansioso, es mejor no cambiarlo todo de golpe y darle tiempo para adaptarse a las novedades.
Si vas a hacer una reorganización, déjale algunas cosas conocidas: su cama favorita, su escondite, el rascador y acceso a sus recursos habituales. Después del cambio, deja que el gato explore el nuevo espacio por su cuenta.
Es especialmente importante que tenga un sitio adonde retirarse y donde nadie vaya a molestarlo.

4. Si el gato se aparta de los abrazos, no es porque no te quiera
A muchos gatos les encanta estar cerca de su persona, pero no les gusta que los sujeten o los acaricien mucho rato en contra de su voluntad.
Si el gato empieza a apartar la cara, a tensarse, a mover la cola, a echar las orejas hacia atrás o se lame bruscamente después de una caricia, puede ser una señal de «ya es suficiente».
El gato siempre debe tener la posibilidad de terminar el contacto. Los estudios sobre el comportamiento felino muestran que la interacción es mucho más tranquila cuando se le da al animal la posibilidad de elegir, en lugar de obligarlo a seguir en contacto.
Prueba una regla sencilla: acaricia unos segundos, para y observa la reacción. Si el gato se acerca por su cuenta buscando tu mano, puedes seguir. Si se aparta, déjalo tranquilo.
Así el gato va entendiendo poco a poco que contigo no necesita defenderse ni soportar caricias que no le gustan. Para reforzar el vínculo puede ayudar darle su golosina favorita justo después del contacto: de esta forma el gato asocia el contacto con las personas con algo agradable y seguro.

5. El gato duerme todo el día y de noche se pone a corretear como loco
Los gatos no son animales estrictamente nocturnos. Su actividad natural suele aumentar al amanecer y al atardecer. Por eso, que un gato duerma de día y se ponga a corretear por el piso al anochecer es, en sí mismo, algo normal.
El problema aparece cuando el animal prácticamente no tiene ocasión de jugar, explorar el espacio y «cazar» su comida durante el día, satisfaciendo sus necesidades naturales. Un gato doméstico no necesita solo «tumbarse en el sofá»: necesita actividades que se parezcan a su comportamiento natural, como acechar, perseguir, buscar y conseguir alimento.
¿Qué debe hacer el dueño? No hace falta levantarse cada vez, hablarle al gato, darle de comer o ponerte a jugar con él a las cuatro de la madrugada. Si cada carrera nocturna termina con atención o comida, ese comportamiento puede reforzarse: el gato descubre que la actividad nocturna realmente consigue que la persona se despierte.
Es mejor trasladar la actividad a la tarde-noche. Unas horas antes de dormir puedes hacer con el gato una sesión de juego activo con una caña u otro juguete que pueda perseguir, y después darle su ración de comida habitual. Durante el día también conviene dejarle formas de mantenerse activo por su cuenta: un rascador, un sitio alto desde el que vigilar, juguetes y comederos tipo rompecabezas.
Al mismo tiempo, no conviene impedirle dormir a propósito durante el día para que «llegue cansado a la noche»: los gatos duermen de forma normal muchas horas al día, y el sueño no debe considerarse un problema en sí mismo.
Y un detalle importante más: si los maullidos nocturnos o la inquietud aparecen de repente, sobre todo en un gato adulto o mayor, no conviene achacarlo todo al carácter; un cambio de comportamiento a veces está relacionado con dolor o alguna enfermedad y requiere una valoración veterinaria.
La tarea principal del dueño no es «prohibir» esas carreras nocturnas, sino asegurarse de que el gato tenga suficientes actividades adecuadas durante el día y la tarde, para que los juegos nocturnos no se conviertan en una forma de conseguir atención.

6. El gato no necesita una vida sin estrés, sino la posibilidad de esconderse de él
Es imposible eliminar por completo el estrés de la vida de un gato doméstico: habrá visitas, aspiradora, obras, ruidos fuertes, el transportín y las visitas al veterinario.
La tarea del dueño no es convertir el piso en un lugar absolutamente silencioso e inmutable. Es mucho más importante darle al gato la posibilidad de controlar la situación. Si tiene miedo, debe poder marcharse, esconderse o subirse a un sitio alto: los estudios muestran que tener un escondite disponible realmente puede reducir los signos de estrés en los gatos.
Por eso conviene crear varios lugares seguros en casa. Puede ser una casita, una caja, una balda, la parte de arriba de un árbol para gatos o simplemente un rincón tranquilo.
La regla principal es esta: si el gato se ha ido a esconderse allí, no hay que sacarlo de ahí para hacerle mimos.

7. ¿Cómo acostumbrar al gato al arenero?
Con los gatitos, en realidad es más correcto no hablar de «enseñarles a usar el arenero», sino de crear las condiciones para que el arenero se convierta en el lugar más cómodo para hacer sus necesidades. Estos mismos principios funcionan también para un gato adulto.
Los gatos eligen de forma natural ciertos lugares para ir al baño, pero en esa elección influyen mucho la ubicación del arenero, su tamaño, la limpieza, el sustrato y la sensación de seguridad.
El arenero debe ser lo bastante grande como para que el gato pueda darse la vuelta y escarbar con tranquilidad; esto es realmente importante para ellos. Los veterinarios suelen guiarse por esta regla: el largo del arenero debe ser, aproximadamente, 1,5 veces la longitud del cuerpo del gato, desde la nariz hasta la punta de la cola. Los bordes de salida no deben ser demasiado altos, sobre todo en el caso de un gatito.

Coloca el arenero en un lugar tranquilo al que el gato pueda acceder fácilmente: no junto a los comederos ni en un sitio donde lo asusten constantemente los ruidos, las personas, la lavadora u otros animales.

Si hay varios gatos en casa, un solo arenero puede no ser suficiente. Una recomendación habitual es tener tantos areneros como gatos más uno adicional, y es mejor repartirlos por distintas zonas accesibles en lugar de ponerlos todos juntos.

La limpieza también es fundamental: hay que retirar las heces y los grumos con regularidad, y limpiar a fondo el propio arenero de vez en cuando. Es mejor evitar los productos con olores muy fuertes: un aroma que a una persona le resulta agradable puede no gustarle nada al gato.
Si el gatito acaba de llegar a casa, puedes ponerlo con calma junto al arenero varias veces después de dormir, comer o jugar de forma activa. Pero no hay que sujetarlo dentro a la fuerza, y mucho menos regañarlo.
En general, nunca se debe castigar a un gato por hacer sus necesidades en el lugar equivocado. Así no se refuerza una asociación positiva con el sitio correcto, sino el estrés.

Si el gato ha ido a otro sitio, es importante eliminar bien el olor; de lo contrario, ese lugar puede volver a resultarle atractivo para hacer sus necesidades. Si hace falta, coloca allí temporalmente un arenero adicional y luego ve desplazándolo poco a poco hasta el sitio deseado.
Y lo más importante: si un gato adulto que antes usaba el arenero con normalidad empieza de repente a hacer sus necesidades fuera de él, esto ya no es una cuestión de «acostumbrarlo». Lo primero es buscar la causa: puede ser una enfermedad de las vías urinarias, dolor, problemas intestinales, estrés, un conflicto con otro gato o un arenero incómodo. Estos casos hay que abordarlos de forma sistemática, empezando por una visita al veterinario.

La regla es sencilla: para un gatito, un arenero cómodo y una presentación tranquila; para un gato adulto que de pronto ha dejado de usarlo, primero hay que revisar su salud. Este enfoque es mucho más eficaz que intentar «explicarle al gato» dónde tiene permitido hacer sus necesidades.
8. Cómo acostumbrar al gatito al arenero
1. Primero, prepara el arenero adecuado. Debe ser lo bastante grande como para que el gatito pueda darse la vuelta y escarbar con tranquilidad. Para un gatito pequeño es mejor elegir un arenero de bordes bajos, para que pueda entrar y salir con facilidad; no hace falta que sea cerrado desde el principio, uno abierto suele ser más fácil para la primera toma de contacto. Es preferible usar un sustrato sin perfume; si el gatito ya está acostumbrado a un tipo concreto (por ejemplo, de arcilla o de madera), al principio es mejor mantener ese mismo y solo después pasar poco a poco a uno nuevo. Ten en cuenta que los gatitos tienen las patitas muy pequeñas y necesitan poder caminar cómodamente sobre el sustrato: los gránulos grandes y afilados pueden dañarles las almohadillas.

2. Coloca el arenero en un lugar tranquilo. El gatito debe encontrar el arenero con facilidad y tener acceso a él en todo momento. No lo pongas junto a los comederos de comida y agua, cerca de la lavadora ni en un sitio de paso constante de personas. Si el piso es grande, al principio puedes colocar varios areneros en distintas zonas.

3. Enséñale el arenero después de dormir y de comer. Este es uno de los mejores momentos para el aprendizaje. Cuando el gatito se despierte, haya comido o haya jugado de forma activa, llévalo con calma hasta el arenero. Puedes ponerlo dentro y dejar que lo explore todo por su cuenta. No hace falta moverle las patitas sobre el sustrato simulando que «tapa» sus necesidades: el gatito debe entender por sí solo que ese es el lugar destinado al baño. Si en casa ya vive otro gato, el olor de un congénere adulto le servirá al gatito como una referencia útil.

4. Presta atención a las señales. Cuando el gatito empiece a olfatear el suelo, a dar vueltas, a buscar un rincón, a agacharse o a escarbar con las patas en una superficie, llévalo con calma hasta el arenero. Si lo usa, no lo molestes ni lo cojas de inmediato después; puedes felicitarlo con tranquilidad y darle una golosina para reforzar ese comportamiento.

5. Limita el espacio los primeros días. Si el gatito acaba de llegar a casa, no hace falta darle acceso a todo el piso de golpe. Puedes empezar por una sola habitación tranquila que tenga el arenero, agua, comida, un sitio para dormir, un escondite y juguetes. Cuando el gatito use el arenero de forma constante, ve abriéndole poco a poco el resto de las habitaciones; así le resultará más fácil recordar dónde está el baño.
6. Limpia el arenero con regularidad. Los gatos pueden negarse a usar un arenero sucio. Retira la orina y las heces con regularidad, y limpia el arenero en sí con productos que no sean agresivos ni tengan un olor muy fuerte. No hace falta cambiar todo el sustrato cada vez que se usa una sola vez: la frecuencia depende del tipo de sustrato.

7. Si el gatito se equivoca de sitio, no lo regañes. Esto es muy importante: no le grites, no le restriegues el hocico contra el charco ni lo castigues. No va a entender el castigo como una explicación de las normas; lo que puede pasar es que empiece a tenerte miedo a ti o al propio proceso de ir al baño. Limpia el sitio con calma y elimina bien el olor con productos específicos para eliminar marcas de animales. Si el gatito insiste siempre en el mismo rincón, coloca allí un arenero de forma temporal; en cuanto empiece a usarlo, puedes ir desplazándolo poco a poco hacia el lugar definitivo, ya que lo habitual es que el gato siga al arenero.

8. Si los despistes se repiten, busca la causa. Esto no significa necesariamente que el gatito «no lo haya entendido». Puede ser que: el arenero sea demasiado pequeño; los bordes sean demasiado altos; no le guste el sustrato; el arenero esté en un sitio ruidoso; otro gato le impida usarlo con tranquilidad; el arenero no esté lo bastante limpio; al gatito simplemente le resulte incómodo llegar hasta él; o necesite un arenero cerrado, con puerta. Si el gatito orina a menudo en pequeñas cantidades, hace fuerza, maúlla al orinar, aparece sangre en la orina o deja de usar el arenero de repente, hace falta una consulta veterinaria.

Un esquema sencillo para los primeros días: se despierta → al arenero; come → al arenero; juega → al arenero; empieza a buscar un sitio o a agacharse → llévalo con calma al arenero; lo usa correctamente → felicítalo; se equivoca de sitio → limpia el olor sin castigarlo y busca la causa.
Y lo más importante: no hay que «obligar» al gatito a usar el arenero. Hay que conseguir que el arenero sea el lugar más claro, accesible y cómodo para hacer sus necesidades; normalmente, eso es lo que mejor funciona.
9. Cómo saber si los gatos solo juegan o de verdad se están peleando
Cuando en casa viven dos gatos, pueden perseguirse, agarrarse con las patas e incluso morderse. Desde fuera a veces es difícil saber: ¿están jugando o hay un conflicto de verdad?
Lo importante es no fijarse en un solo momento, sino en cómo se comportan los gatos antes, durante y después del contacto.
Si quieres una respuesta corta: si no puedes saber si están jugando o peleando en serio, lo más probable es que sea un juego. Una pelea de verdad se nota enseguida.
Cuándo parece un juego
Durante el juego, los gatos suelen intercambiar los papeles. Uno persigue al otro y unos segundos después es él quien huye. Entre un episodio y otro pueden separarse con calma, ocuparse de sus cosas y volver a jugar.
Incluso un forcejeo bastante ruidoso no significa necesariamente agresividad.
Cuándo parece un conflicto
Conviene ponerse en alerta si un gato persigue constantemente al otro y este huye todo el tiempo e intenta esconderse. Sobre todo si aparecen bufidos, gruñidos, maullidos fuertes, orejas pegadas, cuerpo tenso, pelo erizado y zarpazos bruscos.
Una buena referencia: si un gato quiere claramente terminar el contacto y el otro no le deja marcharse, ya no es un juego inocente.
Qué debe hacer el dueño
No dejes que los gatos «lo resuelvan solos» si los conflictos se repiten. Y no intentes en ningún caso separarlos con las manos: en ese momento el gato puede morderte o arañarte sin querer.
Es mejor separar a los animales con calma, darles tiempo para tranquilizarse y ofrecerles espacios distintos.
Comprueba si en casa hay suficientes recursos: areneros, cuencos, camas, escondites y lugares adonde retirarse. A veces el conflicto no empieza porque los gatos «no se quieran», sino porque uno de ellos siente constantemente la presión del otro.
Si los problemas se repiten, una excelente solución es acudir a un especialista en comportamiento animal. Recuerda: los gatos no piensan como los humanos y ven el mundo de otra manera.
Qué le importa al gato
Para un gato es muy importante poder rechazar el contacto. Debe saber que puede irse, esconderse, comer tranquilo o ir al arenero sin encontrarse allí con el otro gato. A veces ayuda separar a los gatos en habitaciones distintas, cada una con comida, agua y arenero.
Sí, los areneros a veces pueden estar en habitaciones diferentes. El autor del proyecto tiene un arenero cerrado en el baño, en el pasillo y en el dormitorio. Todo por la comodidad de los gatos, y de verdad ayuda.
Si un gato se esconde con frecuencia, deja de jugar, come peor o está constantemente tenso, es motivo para fijarse con más atención en la situación y, si hace falta, consultar a un veterinario o a un especialista en comportamiento felino.
10. Cómo elegir a un buen cuidador de gatos
Un cuidador de gatos no es simplemente alguien que entra en casa y pone comida. Mientras no estás, se convierte en la persona responsable de la vida cotidiana de tu gato.
Por eso es mejor elegirlo con antelación y no el último día antes del viaje. También es importante estar seguro de la persona y tener sus datos de contacto (y, a ser posible, los datos de sus documentos oficiales).
Primero preséntalos
Pide al cuidador que venga antes de tu partida. Enséñale la casa y cuéntale cómo es un día normal de tu gato.
Fíjate no solo en si la persona te gusta a ti. También importa la reacción del propio gato. Algunos se acercan enseguida a saludar y otros prefieren observar de lejos. No lo obligues a tener contacto.
Un buen cuidador no intentará hacerse amigo del gato a toda costa y de inmediato. Sabrá estar cerca con tranquilidad y respetar sus límites.
Qué hay que contarle sin falta
Deja unas instrucciones sencillas y claras:
- cuándo y cuánto dar de comer;
- dónde está el agua;
- cada cuánto limpiar el arenero;
- si al gato le gusta jugar y con qué;
- si se le puede coger en brazos;
- dónde suele esconderse o dormir;
- qué particularidades tiene su comportamiento;
- si toma medicación.
Deja también el teléfono y la dirección de una clínica veterinaria y tu propio contacto por si le ocurre algo al gato. Conviene preparar con antelación todo lo que el gato necesita para ir al veterinario.
Qué pedirle que haga durante la visita
Es bueno que el cuidador no se limite a dejar comida cada vez, sino que observe realmente el estado del gato.
Que compruebe si ha comido, si hay agua fresca, si usa el arenero y si tiene el aspecto de siempre. Si el gato de repente está inusualmente decaído, se esconde, rechaza la comida o se comporta de forma muy distinta a la habitual, es importante que te lo comunique.
Una buena práctica es acordar una foto o un vídeo corto después de cada visita. Así sabrás cómo pasa el tiempo tu gato sin ti (y podrás simplemente alegrarte al ver a tu querido animal).
También puedes instalar cámaras para verlo desde el móvil.
Es importante jugar con los gatos. Y si tu gato se lleva bien con el cuidador, lo mejor es pedirle que en cada visita haya alguna actividad con él.
El cuidador puede venir una vez al día, varias veces o incluso vivir en tu casa mientras estés fuera. Todo depende de tus posibilidades y de las necesidades del gato.
Recuerda que a un gato no se le debe dejar solo durante mucho tiempo. En cada visita tiene que haber algún contacto con una persona: hablarle (para que el animal oiga voz humana), jugar, acariciarlo o incluso dormir en el regazo del invitado (a veces un gato que está solo también necesita eso).
Seguridad en casa
Antes de irte, guarda los medicamentos, los productos de limpieza, los objetos peligrosos y todo lo que el gato pueda tragar por accidente mientras pasa el tiempo sin nadie.
Enseña dónde está el transportín y explica de antemano qué hacer si el gato necesita atención veterinaria.
Revisa por separado las ventanas y el balcón. Una persona que viene una o dos veces al día puede dejar abierto sin querer lo que tú normalmente mantienes cerrado.
Qué le importa al gato
Para la mayoría de los gatos lo más cómodo es mantener su rutina habitual: la misma comida, más o menos los mismos horarios, lugares conocidos y el mínimo de cambios innecesarios.
Tu tarea no es solo encontrar a alguien que dé de comer al gato. Hay que encontrar a alguien con quien el gato se sienta lo más seguro posible durante tu ausencia.
11. Cuando adoptas un gato de un refugio
La mudanza de un refugio a un hogar nuevo es un gran acontecimiento para un gato. Aunque en el refugio fuera cariñoso y se dejara coger en brazos con tranquilidad, en casa su comportamiento puede cambiar por completo.
Puede esconderse debajo de la cama, no salir hacia ti, comer poco o no interesarse por los juguetes. A veces ocurre lo contrario: el gato empieza a seguir todo el tiempo a la persona y a exigir atención.
Esto no significa que estés haciendo algo mal. Simplemente necesita tiempo para entender qué está pasando. Lo importante es darle tiempo y la posibilidad de adaptarse por sí mismo, creando un espacio seguro y comprensible.
Por dónde empezar
Antes de que llegue el gato, prepara un espacio pequeño y tranquilo. Debe haber agua, comida, arenero, un lugar para dormir y un escondite.
No es necesario abrirle toda la casa de golpe. Para un gato nuevo, un territorio grande y desconocido puede resultar demasiado. Una habitación pequeña y segura le ayuda a acostumbrarse poco a poco a los olores, los sonidos y la nueva rutina.
Cuando lleves al gato a casa, no lo saques del transportín. Abre la puerta y deja que salga por sí mismo.
No tengas prisa con las presentaciones
Dan muchas ganas de acariciar enseguida al gato nuevo, cogerlo en brazos y enseñárselo a toda la familia. Pero es mejor esperar un poco. Recuerda: la persona entiende lo que ocurre; el gato, no.
Siéntate cerca, habla con calma y deja que el gato decida cuándo está listo para acercarse.
Si se ha escondido, es normal. No hace falta mirar continuamente debajo de la cama ni sacarlo de allí. Cada gato reacciona de forma distinta: uno saldrá enseguida y otro puede pasar un día o dos escondido.
Es importante que el gato sienta que controla la distancia entre él y la persona.
Si en casa ya hay otro gato
No dejes simplemente al recién llegado en la habitación común esperando que se hagan amigos enseguida.
Al principio es mejor mantener a los animales separados. Pueden ir acostumbrándose el uno al otro poco a poco a través de los olores y los sonidos, y solo después pasar al encuentro directo.
Así los dos gatos tendrán menos estrés y más oportunidades de acostumbrarse con calma a la nueva situación.
Encontrarás más información en la sección de la aplicación «Presentar a dos gatos en un piso».
En qué fijarse
Los primeros días presta atención al apetito, el agua, el arenero y el comportamiento general.
Esconderse y mostrarse cauteloso es normal. Pero si el gato lleva mucho tiempo sin comer, parece muy decaído o aparecen problemas respiratorios, vómitos, diarrea u otros síntomas evidentes, es mejor no esperar a que se pase solo y ponerse en contacto con un veterinario. Para un gato es peligroso pasar sin comer incluso un día.
Si ves que el gato está tenso y no sale hacia ti, es mejor dejar la comida en su habitación y alejarte un rato.
Qué le importa al gato
Un gato nuevo necesita ante todo seguridad, tranquilidad y previsibilidad.
No hace falta conseguir enseguida su cariño. Es mucho más importante que poco a poco entienda que aquí nadie lo persigue, que tiene comida, agua, arenero, un lugar para descansar y la posibilidad de esconderse.
La confianza normalmente no aparece en un día. A veces el gato necesita unos días y otras veces mucho más tiempo. Lo más útil que puede hacer el dueño es darle ese tiempo y premiar el contacto con golosinas.
12. Cuidar de un gato mayor: lo que debes saber
La regla principal: la vejez en sí no es una enfermedad. Es un proceso natural en el que el cuerpo del gato cambia, se vuelve más frágil y más vulnerable a distintas enfermedades. Si tratas a tu mascota como «un gato normal, solo que mayor», puedes pasar por alto síntomas importantes.
Los límites de edad son orientativos, pero los veterinarios suelen dividir el envejecimiento en tres etapas:
- 7–10 años — gato maduro: empiezan cambios imperceptibles en el organismo;
- 11–14 años — gato mayor: a menudo aparecen enfermedades crónicas;
- 15 años o más — gato geriátrico: el organismo se debilita mucho.
Qué cambia con la edad
Con los años, los gatos pierden masa muscular (esto se llama sarcopenia) y se debilitan aunque no estén enfermos. Por la artritis, que afecta al 90% de los gatos de más de 12 años, saltar empieza a doler. A diferencia de los perros, los gatos rara vez cojean: simplemente dejan de subir a sitios altos y se acicalan menos, por lo que pueden aparecer nudos en el pelo del lomo.
También empeoran la vista y el oído: el gato puede asustarse y maullar fuerte cuando se desorienta. Los dientes se deterioran y comer empieza a doler. El estómago y el intestino absorben peor las proteínas y las grasas. Pueden cambiar los hábitos de sueño: el gato duerme todo el día y por la noche deambula por la casa.

Señales de alarma: cuándo ir urgentemente al veterinario
No atribuyas todas las rarezas a la edad. Hay señales que indican una enfermedad:
- bebe mucho y orina con frecuencia — posibles problemas renales, diabetes o trastornos de tiroides;
- se esconde y no quiere comer — el gato siente dolor, náuseas o tiene una inflamación;
- empezó a hacer sus necesidades fuera del arenero — suele estar relacionado con dolor articular (le cuesta pasar por encima del borde), micción frecuente (el arenero se ensucia rápido) o con que el gato simplemente olvidó dónde está el baño.
Un problema especial es la demencia felina (síndrome de disfunción cognitiva). Se parece al alzhéimer en las personas. Sus señales principales son fáciles de recordar con las letras VISHDAAL:
- V (vocalización) — maullidos sin motivo, sobre todo por la noche;
- I (interacción) — el gato se ha vuelto agresivo o, al contrario, no se separa de ti ni un momento;
- S (sueño) — duerme de día y por la noche deambula inquieto;
- H (higiene) — hace sus necesidades fuera del arenero, a veces sobre su propia cama;
- D (desorientación) — se queda atascado en las esquinas, vaga sin rumbo, no encuentra su cuenco;
- A (actividad) — juega menos y deja de cuidar su pelaje;
- A (ansiedad) — se ha vuelto miedoso y teme quedarse solo;
- L (memoria) — olvida su nombre o las normas habituales de la casa: por ejemplo, deja de responder a su nombre aunque oye todo lo demás.
Antes de diagnosticar «demencia», el veterinario debe comprobar que el gato no tenga la presión alta ni dolor.

Cómo hacer la casa cómoda para un gato mayor
- Coloca los cuencos un poco más altos para que el gato no tenga que inclinar mucho el cuello.
- Pon cuencos con agua por toda la casa para que beba más.
- Compra un arenero grande con entrada baja, para que le resulte fácil entrar.
- Pon escalones o pufs junto a los sofás y las ventanas para que no tenga que saltar.
- Prepara camas calentitas y sin corrientes en distintos rincones de la casa.
- Si el gato se orienta mal, deja una luz encendida por la noche y no cambies los muebles de sitio.
- Si en casa hay otros animales con un ritmo de vida más activo, reserva para el gato mayor un tiempo y un lugar propios donde pueda estar solo y tranquilo. El estrés crónico provoca problemas de salud.

Cuidados y alimentación
Córtale las uñas sin falta (con la edad se vuelven quebradizas y pueden encarnarse) y cepíllale el pelo con regularidad. Vigila sus heces: los gatos mayores sufren a menudo estreñimiento por falta de agua. Es mejor consultar con tu veterinario de antemano qué hacer en esos casos.
Controla el peso del gato: es el principal indicador de su salud. No cambies a un pienso «Senior» sin el consejo del veterinario. Los gatos mayores sanos necesitan más proteína, mientras que a los gatos con enfermedad renal hay que limitarles estrictamente las proteínas y el fósforo.
Lleva al gato al veterinario cada seis meses: hay que medirle la presión y hacerle análisis de sangre y de orina. Si le duelen las articulaciones, el veterinario puede recetarle inyecciones modernas (por ejemplo, productos con frunevetmab, como Solensia), que alivian bien el dolor y son seguras para los riñones y el hígado.
Lo más importante es prepararse con antelación y reaccionar a tiempo ante los cambios. Recuerda: los gatos no tienen un «margen de seguridad» tan grande como para soportar problemas durante mucho tiempo sin consecuencias graves, sobre todo a una edad avanzada.

13. Si no puedes quedarte con tu gato
A veces hay que dar al gato en adopción: alergia, mudanza, falta de dinero, la llegada de un bebé o la agresividad del animal. Pero antes de buscarle nuevos dueños, conviene preguntarse: ¿de verdad el problema no tiene solución?
¿Se puede corregir el comportamiento?
Lo más habitual es que los gatos se den porque hacen pis fuera del arenero. La gente cree que el gato se está vengando, pero en aproximadamente la mitad de los casos simplemente está enfermo: cálculos renales, cistitis o dolor articular.
Cómo distinguir una enfermedad de un problema de comportamiento:
Cómo orina
- Enfermedad (cistitis, dolor, cálculos): charquitos pequeños, con esfuerzo.
- Marcaje de territorio: de pie, con la cola levantada, rocía la pared.
- No le gusta el arenero: charcos normales y grandes, pero fuera del arenero.

Dónde orina
- Enfermedad: en cualquier sitio, sobre todo en superficies frescas (bañera) o blandas (cama).
- Marcaje de territorio: en paredes, puertas, cortinas.
- No le gusta el arenero: en alfombras, muebles, rincones apartados lejos del arenero.

Relación con el arenero
- Enfermedad: a veces lo usa, pero lo asocia con el dolor.
- Marcaje de territorio: hace caca en el arenero, pero el pis lo hace tanto dentro como fuera.
- No le gusta el arenero: lo rechaza por completo o no entierra.

Los problemas de comportamiento (marcaje, estrés) a menudo se pueden corregir por tu cuenta: poner más areneros, separar las zonas de comida o usar calmantes recetados por el veterinario. En otros casos te ayudará un etólogo o un veterinario.
Cómo buscarle un nuevo hogar
Si dar al gato es inevitable, prepara información honesta: edad, esterilización, vacunas, enfermedades (sobre todo leucemia o inmunodeficiencia felina) y carácter.
Haz buenas fotos y escribe un anuncio veraz. Si ocultas que el gato hace pis fuera del arenero, pueden abandonarlo o devolvértelo, y eso es un estrés enorme para el animal. Es importante ser sincero.
Señales de alarma al elegir a un nuevo dueño:
- se niega a poner redes en las ventanas (el gato podría caerse);
- no quiere conocer al gato antes;
- se niega a firmar un contrato;
- piensa dejar que el gato salga a la calle en la ciudad;
- no entiende que un buen pienso y el veterinario cuestan dinero;
- quiere el animal para regalárselo a un amigo, a un niño o a un compañero de trabajo;
- no está dispuesto a enviar fotos durante el tiempo acordado.
Contrato y entrega del animal
En Europa (y en muchos otros países) es habitual firmar un contrato de adopción (en alemán, Schutzvertrag). Para que el contrato tenga validez y el gato no se revenda como un «objeto», debe indicar que tú conservas la propiedad o que el gato no puede cederse a terceros.
También es habitual cobrar una pequeña cuota de adopción (Schutzgebühr). Los gatos gratuitos a menudo acaban en manos de personas irresponsables, revendedores o maltratadores. Para no entregar el gato a un maltratador, comprueba antes a la persona a través de protectoras y voluntarios de la zona.
Entrega al nuevo hogar el arenero del gato, su comida habitual, la arena y su cama favorita para que conserve un olor conocido.
Situación de emergencia
A veces hay que actuar con urgencia: el casero exige sacar al animal, o has encontrado un gato en la calle y no puedes llevártelo a casa.
La regla principal: nunca sueltes a un gato doméstico en la calle; no sobrevivirá allí, sobre todo si está herido o lisiado. Los voluntarios tienen una regla: quien encuentra al animal es responsable de él. A veces hay que actuar enseguida, sin demora.
Plan de acción ante una emergencia, también con un gato de la calle:
- primeras 24 horas — lleva al gato a un lugar seguro provisional: el baño, un balcón acristalado (si hace calor y una persona puede estar allí con ropa normal de casa), una residencia de pago o la casa de unos amigos;
- 1–3 días — si lo encontraste en la calle, llévalo a una clínica veterinaria y comprueba si tiene microchip: quizá alguien lo esté buscando;
- las semanas siguientes — busca a sus antiguos dueños o a unos nuevos.

Qué hacer si el casero prohíbe los animales
Si vives de alquiler (sobre todo en países europeos como Alemania), infórmate de tus derechos. Los tribunales suelen dar la razón a los dueños de animales: en Alemania, por ejemplo, la prohibición total de perros y gatos en un contrato de alquiler estándar se considera nula.
El casero no puede prohibir un gato «porque sí»: necesita un motivo de peso (por ejemplo, que los vecinos tengan una alergia grave). Cómo llegar a un acuerdo con el casero:
- contrata un seguro de responsabilidad civil que cubra los daños si el gato estropea algo;
- ofrece una fianza adicional;
- promete que el gato no andará por la escalera ni molestará a los vecinos.
A veces basta con contarle al propietario lo ocurrido y enseñarle una foto o un vídeo del animal. Todos somos personas, y la mayoría siente compasión al ver a un gato en apuros. No tengas miedo de preguntar e intentarlo: está en juego la vida de un animal.
14. Alergia a los gatos: ¿qué hacer?
La alergia no la provoca el pelo. El alérgeno principal es la proteína Fel d 1, presente en la saliva y la grasa de la piel del gato. Cuando el gato se lava, reparte la saliva por el pelo. La saliva se seca y partículas microscópicas de la proteína se esparcen por toda la casa y se depositan en muebles y cortinas.
Los síntomas varían: estornudos, ojos llorosos, picor o tos. Pero el polen o los ácaros del polvo provocan exactamente los mismos síntomas, así que primero conviene hacerse pruebas con un alergólogo.
Si quieres quedarte con el gato
- Pienso especial. Ya existen piensos y suplementos con anticuerpos contra el alérgeno (se obtienen de la yema de huevo; con una búsqueda rápida encontrarás fabricantes con eficacia demostrada). Los anticuerpos neutralizan el alérgeno directamente en la boca del gato mientras come. En solo tres semanas hay aproximadamente la mitad de alérgeno en el pelo.
- Purificación del aire. Compra un purificador de aire con filtro HEPA: atrapa muy bien las partículas de alérgeno en suspensión.
- Limpieza. No dejes entrar al gato en el dormitorio, quita las alfombras y limpia con un paño húmedo con regularidad.
Lo que no funciona
- No existen gatos «hipoalergénicos» ni gatos sin alérgeno: incluso los esfinge sin pelo lo producen a través de la piel.
- No tiene sentido rapar al gato ni bañarlo a diario: solo le dañará la piel y el alérgeno no disminuirá.
Si has desarrollado asma, una dificultad grave para respirar o hinchazón, no arriesgues tu salud. Consulta a un médico sobre los tratamientos actuales: hoy existen muchas formas de afrontar la alergia a los gatos, y mucha gente las utiliza.
Importante: esta información tiene fines educativos y no sustituye la consulta con un profesional. Para el diagnóstico y el tratamiento (incluidos los medicamentos para las articulaciones, los riñones o el comportamiento), así como para valorar la gravedad de una alergia, acude sin falta a un veterinario o a un alergólogo.

15. Niños y gatos: normas de comportamiento
Vivir con un gato aporta al niño mucha alegría y beneficios: los niños aprenden a cuidar, a sentir empatía y a ser responsables. Pero los gatos son muy sensibles. El ruido, los movimientos bruscos y lo imprevisibles que son los niños pequeños pueden asustarlos mucho, y a veces eso termina en arañazos o mordiscos.
Para que el gato y el niño sean amigos, no hay que dejarlo al azar. Los padres deben preparar la casa, poner normas claras, dar ejemplo y aprender a entender el lenguaje felino.
Por qué un gato no es un juguete
Lo más importante que hay que explicar al niño desde pequeño: el gato es un ser vivo, puede sentir dolor y miedo, y tiene sus propios deseos.
Los niños pequeños (sobre todo los menores de cinco años) aún no saben medir su fuerza y pueden tratar a un animal como a un peluche: tirarle de la cola o de las orejas sin entender que le duele.

Por qué es importante frenarlo a tiempo:
- Estrés para el gato. Si al gato lo estrujan constantemente y no tiene dónde esconderse, vive en un estrés continuo. Por eso puede enfermar, dejar de comer, arrancarse el pelo o hacer sus necesidades fuera del arenero.
- Riesgo de lesiones. A diferencia de los perros, los gatos no saben simplemente aguantar y obedecer. Un gato acorralado intentará huir, y si no tiene adónde, usará las uñas y los dientes para defenderse.
- Educar en la bondad. Si los padres permiten que el niño maltrate a un animal, no aprenderá a sentir empatía. Da buen ejemplo: acariciad juntos al gato, leed libros bonitos sobre animales y hablad de lo que siente la mascota en ese momento. Así el niño entenderá que el gato es un ser vivo con sus propios sentimientos complejos.
Prepararse para los cambios en la familia
Todo depende de si esperáis un bebé cuando el gato ya vive con vosotros o si traéis un gato nuevo a una casa donde ya hay niños. Ambos casos requieren preparación.
Si esperáis un bebé
Para un gato, la llegada de un recién nacido es un estrés enorme: olores nuevos, sonidos, cambios de muebles. Empieza a prepararlo con antelación:
- Pon grabaciones de llanto y balbuceos de bebé: primero bajito y luego más alto, y dale premios al gato para que asocie el sonido con algo agradable.
- Ponte crema infantil en las manos antes de acariciar al gato, para que se acostumbre al olor de los productos de bebé.
- Si por la cuna hay que mover el arenero o los cuencos, muévelos un poco cada día.
- Introduce con antelación el nuevo horario de comidas y juegos que podrás mantener cuando nazca el bebé.

Si traéis un gato nuevo (la regla «3-3-3»)
Una mascota nueva se adapta según la regla de los tres treses:
- Los primeros 3 días. El gato tiene mucho miedo: se esconde, come poco y no quiere contacto. Qué hacer: déjalo tranquilo en una habitación aparte con arenero y comida. Los niños no deben entrar. No lo saques de su escondite.
- Las primeras 3 semanas. El gato se va acostumbrando, explora la casa y crea hábitos. Qué hacer: podéis empezar a conoceros. Que los niños se sienten en el suelo y que el gato se acerque solo a olerlos. Se puede jugar con una caña de juguete.
- Los primeros 3 meses. El gato se siente en casa, está relajado y pide mimos él mismo. Qué hacer: ya se puede interactuar con normalidad. Bajo supervisión, los niños pueden empezar a ayudar a cuidarlo.
Presenta al bebé que gatea al gato solo cuando haya un adulto sentado al lado y el gato esté saciado y tranquilo. Deja que huela al bebé: así se conocen los gatos.

Zonas seguras para el gato
El gato siempre debe poder irse y esconderse. Si sabe que tiene una vía de escape, está mucho más tranquilo.
- Lugares en alto. A los gatos les encanta mirar el mundo desde arriba. Pon un rascador alto o instala estantes en la pared a los que el niño no llegue.
- Barreras infantiles. Instala barreras de seguridad en las puertas. El gato las saltará o pasará por debajo, pero el bebé no.
- Aseo y comedor. El arenero y los cuencos deben estar en un lugar tranquilo y totalmente fuera del alcance de los niños. Si al gato lo asustan en el arenero o mientras come, puede enfermar o empezar a hacer sus necesidades en otro sitio, por ejemplo en la cama.
Las 5 normas principales para tratar con el gato
Los niños deben aprenderse bien estas normas:
- No tocarlo mientras come o duerme. Si el gato duerme, come, bebe o está en el arenero, es como si no estuviera: no se toca.
- No sujetarlo a la fuerza. Si el gato quiere irse, que se vaya. No hay que perseguirlo ni tenerlo en brazos contra su voluntad.
- Cogerlo bien. Los niños pequeños no deben coger al gato en brazos. Los mayores sí, pero solo correctamente: una mano sujeta el pecho justo detrás de las patas delanteras y la otra el trasero y las patas traseras. Nunca se levanta a un gato por la barriga, las orejas, la cola o el pellejo del cuello: le duele mucho.

- La barriga es zona prohibida. La barriga del gato es muy sensible. Cuando se tumba boca arriba, simplemente descansa, no pide que le acaricies la barriga. Intentar acariciarla suele acabar en mordisco. Lo mejor es acariciarle la cabeza, las mejillas y detrás de las orejas.
- Jugar solo con juguetes. ¡Las manos y los pies no son juguetes! Si juegas con un gatito usando las manos, se acostumbrará a cazarlas y de mayor morderá con fuerza. Usa cañas, pelotas y punteros láser.

Cómo pedirle permiso al gato (la regla de los 3 segundos)
La mejor forma de hacerse amigo de un gato es darle a elegir.
Enseña al niño a acercar un dedo al gato y detenerse sin tocarlo. Si el gato se acerca solo y frota la mejilla contra el dedo, está de acuerdo en interactuar. Si se aparta, no hay que tocarlo.
La regla de los 3 segundos: acaricia al gato tres segundos y retira la mano.
- Si el gato busca la mano y da cabezazos, puedes acariciarlo un poco más.
- Si solo se queda sentado, se lava o se va, ya tiene bastante y hay que dejar el contacto.
Así los gatos se vuelven muy cariñosos, porque se sienten seguros.
Cómo saber que el gato está nervioso: el lenguaje felino
Los gatos rara vez atacan sin avisar. Los padres deben enseñar a los niños a notar las señales de malestar.
Conducta extraña para calmarse: si después de un juego ruidoso el gato se sienta de repente y empieza a lamerse rápido y nervioso, o a bostezar, intenta calmarse tras un estrés fuerte. En ese momento es mejor no tocarlo.
Los tres niveles de humor del gato:
- Verde (calma). Pupilas normales, el gato parpadea despacio. Orejas hacia delante, cuerpo relajado, ronronea. Qué hacer: se le puede acariciar (con la regla de los 3 segundos) y jugar.
- Amarillo (estrés y aviso). Pupilas enormes y redondas como platos. Orejas pegadas o giradas hacia los lados («en avión»). La piel del lomo se estremece, la cola golpea bruscamente de un lado a otro. Qué hacer: aléjate de inmediato, el gato se prepara para defenderse. No intentes calmarlo ni acariciarlo, simplemente déjalo tranquilo.
- Rojo (agresión). Bufidos, gruñidos. Lomo arqueado, pelo erizado. El gato da zarpazos o se abalanza. Qué hacer: la situación es peligrosa. Un adulto debe llevarse al niño. No toques al gato con las manos bajo ningún concepto. Dale un par de horas para calmarse en silencio.
Importante: a veces el gato se harta de que lo acaricien demasiado tiempo, porque la piel se le vuelve demasiado sensible. Si mientras lo acaricias deja de ronronear, se le estremece la piel del lomo o mueve mucho la cola, retira la mano de inmediato o llegará un mordisco.
Ten en cuenta: el ronroneo no siempre significa buen humor. Los gatos también ronronean con mucho estrés o dolor, para calmarse. Valora siempre la situación y el comportamiento del gato en conjunto.
Ayuda con olores (feromonas)
Si en casa hay ruido y el gato está nervioso, pueden ayudar unos difusores especiales que se enchufan (por ejemplo, Feliway). Liberan sustancias parecidas a los olores calmantes naturales de los gatos. Los estudios indican que estos difusores pueden ayudar a que los gatos estén menos nerviosos, arañen menos los muebles y hagan menos sus necesidades fuera del arenero.
Cómo pueden ayudar los niños según su edad
Las tareas adecuadas ayudan al niño a ser más responsable, pero todo debe ir según la edad. En cualquier caso, la responsabilidad principal del animal es de los adultos.
- De 0 a 5 años. El niño se mueve de forma brusca, no entiende que hace daño y puede llevarse cosas a la boca. Hace falta supervisión constante de un adulto. No coge al gato en brazos. Puede guardar los juguetes del gato en una cesta y acariciarlo con un dedo mientras un adulto le guía la mano. ¡Nada de acercarse al arenero! El gato debe tener lugares donde esconderse del niño.
- De 6 a 12 años. El niño ya sabe sentir empatía y entiende las normas. Puede poner agua fresca y comida él solo, enseñar al gato trucos sencillos a cambio de un premio y jugar con él con una caña. Hacia los 10–12 años puede limpiar el arenero, pero después debe lavarse bien las manos.
- Desde los 13 años. El adolescente entiende las necesidades del animal y se convierte en un compañero de verdad. Puede encargarse de casi todo el cuidado: limpiar el arenero, comprar comida, ir al veterinario (junto con un adulto).
Salud: qué hacer con arañazos y mordiscos
Incluso con una buena relación pueden ocurrir lesiones. Los padres deben conocer los dos peligros principales.
Enfermedad por arañazo de gato
La causan bacterias que transmiten las pulgas: sus heces quedan en el pelo y las uñas del gato. Si el gato araña al niño (o lame una herida), las bacterias pasan a la sangre.
- Síntomas. Al cabo de 1–3 semanas puede aparecer un granito donde estaba el arañazo y después los ganglios linfáticos (de las axilas o del cuello) se inflaman mucho. Puede haber algo de fiebre.
- Tratamiento y prevención. A menudo se cura sola, pero a veces hacen falta antibióticos, que receta el médico. Protegen el trato correcto con el gato, la desparasitación regular contra pulgas (aunque el gato no salga a la calle) y el corte de uñas. Las vacunas al día también son obligatorias: protegen de otras infecciones peligrosas.
Mordiscos de gato
Los mordiscos de gato son mucho más peligrosos que los arañazos. Los dientes finos y afilados funcionan como una jeringa: meten las bacterias de la saliva muy por debajo de la piel, hasta las articulaciones y los tendones. Por fuera la herida se cierra rápido, y por dentro empieza una inflamación fuerte.
- Síntomas. La zona del mordisco se enrojece, se hincha mucho y duele ya a las 3–12 horas.
- Qué hacer. Lava enseguida el mordisco con agua y jabón bajo el grifo durante al menos 15 minutos para eliminar la saliva.
- Si los dientes han atravesado la piel, lleva al niño al médico sin falta ese mismo día.
Importante: esta información tiene fines educativos y no sustituye la consulta con un especialista. Para recomendaciones médicas, diagnóstico y tratamiento, acude sin falta a un veterinario y, para la salud del niño, a un médico.
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