Comportamiento
Para entender el comportamiento del gato doméstico, hay que recordar sus orígenes. Su antepasado es el gato salvaje africano, un depredador solitario y territorial.





1. De dónde vienen las costumbres felinas: el pasado de un cazador solitario
Para entender de verdad las reacciones de un gato doméstico, hay que mirar hacia su pasado. Los perros descienden de animales de manada, capaces de negociar y reconciliarse tras una disputa. En cambio, el antepasado de los gatos domésticos fue el gato salvaje africano, un solitario convencido. Estos depredadores vivían solos, defendían estrictamente su territorio y solo podían contar consigo mismos. Precisamente ese pasado determina en gran medida el carácter de todos los gatos actuales.
Aunque los gatos llevan mucho tiempo viviendo con las personas, en su interior siguen siendo cazadores solitarios. Sin embargo, resultaron ser muy flexibles: si hay comida de sobra y el ambiente es tranquilo, los gatos pueden llevarse bien tanto con sus congéneres como con las personas.
A un gatito le resulta más fácil aprender a confiar en las personas durante el llamado periodo sensible, aproximadamente entre la segunda y la novena semana de vida. Pero incluso al gato más cariñoso le resulta vital, durante toda su vida, sentir que controla la situación, entender qué va a pasar a continuación y contar siempre con una vía de escape en caso de peligro.
Como los gatos siempre han vivido en solitario, no aprendieron a mostrar sumisión (como hacen los perros para evitar una pelea). Ante una amenaza, un gato prefiere quedarse quieto, esconderse o huir; solo atacará abiertamente como último recurso, cuando no tenga adónde escapar. Además, en la naturaleza mostrar dolor o debilidad es muy peligroso, porque te convierte en una presa fácil. Debido a este instinto, los gatos son extraordinariamente hábiles a la hora de ocultar sus enfermedades y dolores intensos, lo que a menudo se convierte en un problema, porque ni los dueños ni siquiera los veterinarios logran siempre detectar a tiempo que el animal se encuentra mal.
2. El lenguaje corporal: cómo hablan los gatos sin palabras
Los gatos se comunican con el mundo constantemente, pero lo hacen de forma distinta a nosotros. Usan la voz muy pocas veces, y prefieren el lenguaje corporal: las posturas, los movimientos de la cola, la expresión del hocico y la tensión muscular. Para entender a un gato hay que mirarlo en su conjunto: si te fijas solo en un detalle (por ejemplo, solo en la cola), puedes equivocarte mucho.
La posición de la cola es un excelente indicador del estado de ánimo. Una cola levantada verticalmente indica que el gato está seguro de sí mismo, es amigable y está dispuesto a interactuar; si la punta de esa cola se curva como un signo de interrogación, es un saludo cariñoso. Una cola relajada a la altura del lomo o algo más baja indica que el gato está tranquilo, pero sigue controlando la situación. Si el gato tiene miedo o está inquieto, esconde la cola entre las patas traseras, intentando parecer lo más pequeño posible. En cambio, ante un susto fuerte o cuando se prepara para defenderse, la reacción es la contraria: el pelo de la cola se eriza y esta parece un cepillo, así el animal intenta parecer más grande y más temible.
Los movimientos de la cola también son muy importantes. Si solo la punta se mueve ligeramente, el gato está muy concentrado en algo o está cazando. Pero si la cola empieza a azotar con fuerza de un lado a otro, es una señal clara de que el gato está enfadado o irritado, y cuanto más fuerte y rápido se mueve, más cerca está de lanzarse sobre alguien. Y al contrario, si la cola envuelve suavemente tu pierna, es el equivalente felino de un abrazo.
Las orejas de los gatos no solo captan el más mínimo ruido, sino que también muestran los matices más sutiles del estado de ánimo. Unas orejas orientadas hacia delante y ligeramente hacia los lados indican curiosidad relajada. Si se bajan y se separan hacia los lados (posición «avioncito»), el gato se siente incómodo e inquieto. Las orejas pegadas firmemente a la cabeza son señal de mucho miedo o de estar listo para pelear (así el gato las protege de lesiones). Si una oreja mira hacia delante y la otra hacia atrás, el gato está confundido e intenta escuchar varias cosas a la vez.
3. Cómo reconocer el dolor oculto: la Escala de Muecas Felinas (FGS)
Como los gatos ocultan sus enfermedades por instinto, es muy difícil saber cuándo les duele algo. Un gato que siente un dolor intenso puede no llorar ni gritar, y simplemente volverse apático y esconderse. Para resolver este problema, científicos de la Universidad de Montreal desarrollaron una escala especial (Feline Grimace Scale — FGS) que permite valorar el nivel de dolor solo a partir de la expresión del hocico del animal, sin ningún aparato complicado.
Este método se basa en que, cuando hay dolor, los músculos faciales se contraen de forma refleja, y el gato no puede controlarlo. Para evaluar al gato con esta escala, hay que observarlo durante unos 30 segundos en momentos en que no esté durmiendo, comiendo o aseándose. Se valoran cinco zonas del hocico, cada una con una puntuación de 0 a 2, y luego se suman los puntos. Los estudios han demostrado que si el gato obtiene 4 puntos o más, realmente siente mucho dolor y hay que administrarle analgésicos con urgencia.
Es importante recordar que en los gatos de hocico plano (como los persas) es más difícil valorar la tensión del morro y los bigotes, pero los ojos y las orejas seguirán dando un resultado fiable.
4. Alegría, confianza y apego: cómo lo muestran los gatos
Los gatos no tienen una gama de expresiones faciales tan rica como nosotros o los primates. Muestran su alegría y su cariño mediante olores, posturas y sonidos. Si aprendes a reconocerlos, entenderás cuánto te quiere tu mascota.
Uno de los principales signos de confianza plena es el «parpadeo lento». Cuando el gato te mira y entorna los ojos lentamente, es como si dijera: «No voy a atacar» (en los depredadores, una mirada fija y sin parpadear es un desafío). Los científicos descubrieron que si una persona empieza a parpadear lentamente mientras mira al gato, es muy probable que este le responda de la misma manera: es una excelente forma de mostrarle conscientemente tu amistad.
Otra señal importante es cuando el gato se frota contra ti con las mejillas, la barbilla o te da cabezazos: en su hocico tiene glándulas especiales que segregan feromonas tranquilizadoras. No es solo una forma de pedir comida: así el gato te marca como «suyo», te añade a su familia y te muestra que contigo se siente seguro.
Si el gato duerme junto a ti, pegado a tu cuerpo, significa que te confía su seguridad. El grado máximo de confianza es cuando el gato duerme boca arriba, con las patas extendidas y mostrando la barriga: en la naturaleza, el vientre es la parte más vulnerable, y solo se muestra en un lugar donde no se espera ningún peligro. Y cuando el gato te trae sus juguetes o un ratón cazado, también es una muestra de cuidado heredada de sus antepasados salvajes: comparte contigo su presa e intenta «alimentarte».
5. Los secretos del ronroneo: no siempre es de placer
Estamos acostumbrados a pensar que si un gato ronronea es porque está totalmente feliz. Pero la ciencia dice que es mucho más complejo. El ronroneo se produce por contracciones rítmicas de los músculos de la laringe y el diafragma; los científicos incluso han encontrado en la garganta de los gatos unas almohadillas especiales que pueden vibrar y generar este sonido de forma casi automática en cuanto el aire pasa por ellas.
Por supuesto, los gatos ronronean cuando están a gusto. Pero también han aprendido a usar el ronroneo para «manejar» a las personas. Existe el llamado ronroneo «de exigencia», que los gatos emiten cuando piden comida o atención. Los investigadores descubrieron que dentro de este sonido hay un chillido agudo (a una frecuencia de 220-520 Hz) increíblemente parecido al llanto de un bebé humano. Incluso las personas que nunca han tenido gatos perciben este sonido como urgente e inquietante: resulta que los gatos han aprendido a activar nuestros instintos parentales para que los alimentemos más rápido.
Pero eso no es todo. Los gatos pueden ronronear con fuerza cuando sienten mucho dolor, mucho miedo o cuando están pariendo. Algunos creen que así se autocuran: las vibraciones en las frecuencias del ronroneo (de 25 a 150 Hz) aceleran la cicatrización de heridas, reducen la inflamación e incluso ayudan a que los huesos rotos se suelden más rápido.
En realidad, es importante recordar que un animal puede ronronear tanto de alegría, con el objetivo de comer su golosina favorita, como en un estado de gran estrés para su organismo.
6. El estrés y la Escala de Estrés Felino (CSS)
El estrés en los gatos es un problema serio, que puede ser agudo (breve) o crónico (constante). Mientras que el estrés agudo (un susto con la aspiradora o una visita al veterinario) simplemente moviliza fuerzas, el estrés constante destruye poco a poco la salud del gato: primero el organismo intenta adaptarse, pero luego llega el agotamiento, y el animal empieza a enfermar gravemente. Para que el personal de los refugios y los veterinarios pudieran entender más fácilmente lo nervioso que está un gato, se creó la Escala de Estrés (Cat Stress Score, CSS), que valora el estado del animal de 1 a 7 puntos.
Causas poco evidentes del estrés y enfermedades «de los nervios». A menudo los dueños ni siquiera sospechan qué es lo que pone constantemente nervioso a su gato. Por ejemplo, los gatos oyen muy bien los ultrasonidos, por lo que distintos repelentes de roedores o el zumbido de los electrodomésticos pueden volverlos locos. También les alteran mucho los olores intensos, como los ambientadores o los aceites esenciales cítricos. Y si el gato no tiene forma de subirse a un lugar alto (un estante o un mueble vertical) para vigilar la habitación desde arriba, se sentirá vulnerable de forma constante.
El estrés constante y un nivel alto de cortisol (la «hormona del estrés») provocan enfermedades reales. El problema más frecuente es la cistitis idiopática: la vejiga duele y se inflama sin que haya bacterias de por medio, solo por los nervios, lo que hace que el gato vaya al arenero con mucha frecuencia o empiece a orinar fuera de él. Muchos piensan que lo hace por «venganza», pero en realidad simplemente está enfermo. Además, los gatos pueden empezar a lamerse hasta quedarse con grandes calvas, intentando calmarse de esa manera. Y si por el estrés el gato deja de comer, es sumamente peligroso: el ayuno en los gatos provoca muy rápido (en pocos días) una enfermedad hepática mortal.
7. Los principales errores de los dueños al interactuar con los gatos
Como las personas y los gatos percibimos el mundo de forma distinta, nuestras buenas intenciones a veces les resultan aterradoras. Entender estas diferencias ayuda a convivir con la mascota en perfecta armonía.
Errores al acariciar: por qué el gato muerde de repente. El error más común es pensar que, si el gato se tumba boca arriba y muestra la barriga, está pidiendo que se la rasquen. Mostrar la barriga es una señal de que confía en ti, pero si empiezas a acariciarla, se activará su instinto de depredador: ¡hay que proteger el vientre! Las terminaciones nerviosas de esa zona son muy sensibles, así que el gato saca las uñas y los dientes al instante; no lo hace por maldad, sino por un antiguo reflejo de autoprotección.
El segundo error frecuente es acariciar al gato durante mucho tiempo y con fuerza a lo largo de todo el lomo, sobre todo cerca de la cola. En esa zona los gatos tienen una enorme cantidad de terminaciones nerviosas. Si se acaricia ahí demasiado tiempo, el sistema nervioso del gato se sobrecarga y empieza a resultarle desagradable. El resultado es la «agresividad por caricias»: hace un segundo el gato estaba ronroneando, y ahora te muerde la mano solo para que pares.
Hay que acariciar al gato tal como ellos mismos se lamen entre sí en señal de amistad.
8. Errores al interpretar el comportamiento
En muchas películas y dibujos animados, un gato con el lomo arqueado es un símbolo de agresividad y maldad. Pero en la vida real todo depende de la situación. Si el gato arquea el lomo al acercarse a ti, con los músculos relajados y las orejas hacia delante, simplemente se está estirando a gusto y saludándote. Pero si esa misma postura va acompañada de pelo erizado, patas rígidas y orejas pegadas, el gato está en pánico e intenta parecer más grande para defenderse de un ataque. Si intentas acariciarlo para «calmarlo», defenderá su vida y atacará.
Otro error curioso tiene que ver con los olores. A menudo el gato huele algo nuevo (por ejemplo, tus zapatos) y luego se queda quieto con la boca entreabierta y una mirada algo perdida. A las personas les parece que el gato está poniendo cara de asco. En realidad, detrás de los dientes delanteros, en el paladar, tiene un órgano especial llamado «órgano vomeronasal» (u órgano de Jacobson): una especie de nariz adicional para los olores y las feromonas más complejas. Al entreabrir la boca, el gato dirige las moléculas del olor directamente hacia allí; es decir, no hace una mueca de asco, sino que está analizando el aroma de forma muy atenta y profunda.
9. No fuerces la interacción y respeta sus límites personales
Las principales organizaciones veterinarias del mundo insisten en que lo más importante para el bienestar psicológico del gato es la sensación de control. El error más grave que pueden cometer los dueños es sacar a la fuerza a un gato asustado de debajo del sofá o sujetarlo en brazos cuando intenta soltarse. Para un gato, que por naturaleza es un animal solitario, cualquier pérdida de libertad significa, a nivel emocional, que está a punto de morir.
Si el gato se está acostumbrando a un hogar nuevo o simplemente se ha asustado (por ejemplo, han llegado visitas), asegúrate de darle la posibilidad de esconderse en un lugar seguro, a poder ser en alto.
Y la regla más importante de todas: cualquier caricia o juego debe iniciarlo siempre el propio gato. Nunca le impongas tu compañía.
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